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Intuición o Datos: Claves para tomar decisiones

Corazonadas, pálpitos, presentimientos… Son muchas las formas de referirse al pensamiento intuitivo, esa capacidad de tomar una decisión basada en sensaciones, en lugar de en hechos racionales o científicos.


En el trabajo , la intuición la usamos cuando somos más amables con un compañero porque sentimos que está pasando un mal momento, cuando llamamos a un proveedor porque intuimos que está negociando con la competencia o cuando se nos activan todas las alarmas porque presentimos que un producto no va a funcionar.


La intuición es el pensamiento lógico inconsciente y, como tal, tiene un papel muy relevante en la toma de decisiones pues se configura como una solución inconsciente a problemas conscientes.


Por lo que el pensamiento intuitivo es la capacidad humana de llegar a conclusiones correctas a partir de información escasa y en poco tiempo mediante un procesamiento subsimbólico que no siempre está a nivel consciente. Por ello, cuanta más información relevante se tenga guardada en la memoria, mejor será la capacidad para resolver intuitivamente diversas situaciones.


Por este motivo, la intuición, basada en el conocimiento acumulado por la experiencia cotidiana, la actividad profesional específica y la formación académica, puede ser beneficiosa en ciertos escenarios, y, en ocasiones, puede ser el enfoque de la decisión principal y disponible.


Según evidencian las investigaciones neurocientíficas, el pensamiento intuitivo no se construye al azar, sino que descansa sobre toda la información que las personas hemos ido acumulando a lo largo de los años, aunque no seamos conscientes de la misma.


En concreto, la intuición lleva aparejado un proceso cognitivo muy complejo que despierta el sistema límbico central, especialmente la amígdala, activando una especie de ‘bibliotecario’ en el cerebro, que permite tomar como referencia las experiencias pasadas para aplicarlas a la situación actual, creando conexiones entre ideas que, de forma consciente, no conseguimos relacionar.


Así, el pensamiento intuitivo comienza con la recopilación de los datos de la experiencia, que se procesan de forma inconsciente y automática, permitiendo crear una base de datos ‘encriptada’, que nos hace llegar a conclusiones aparentemente no-racionales. De ahí que sepamos cuando alguien nos está mintiendo, gracias a que llevamos años estudiando de forma involuntaria las expresiones faciales de los demás, o que advirtamos una situación de riesgo, parecida a situaciones similares vividas, observadas o escuchadas en el pasado.


Aunque la dicotomía entre lógica e intuición ha existido desde hace siglos, durante las últimas décadas se ha producido un rechazo del pensamiento intuitivo en favor del analítico. Cuando intuimos, estamos sintiendo, no pensando, y esto ha sido descalificado durante generaciones como un signo de debilidad o de poca evolución. Se demanda un cambio de paradigma, en el que la intuición representa la expresión máxima de la conexión con nuestro despertar de la conciencia cuántica, no de la razón, ni de la lógica.


Evidentemente, la intuición no es infalible al 100% y presenta errores. Todos los días, los seres humanos nos enfrentamos a la toma de decisiones (triviales o profundas) y, si nos dedicamos a analizar cada una con rigor científico, nunca lograremos ejecutar ningún proyecto


Es más, la mente humana es capaz de analizar información de forma consciente a una velocidad de 50 bits por segundo, mientras que inconscientemente consigue procesar más de 10 millones de bits por segundo.


A pesar de que el pensamiento intuitivo nace del inconsciente, existen mecanismos para entrenar la intuición. Compartimos algunos consejos para poder desarrollarla y combinarla con tu día a día.


(Fuente: Value Experiencie/Escuela Europea de Managment) #intuicion #lideres #rrhh #infografia #rhactitud



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