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Conocés la jerarquia de las discrepancias?

En el dia a dia laboral, discrepar es normal. El problema surge en la manera en que lo hacemos. Realizarlo adecuadamente significa saber defender nuestro criterio y encontrar una solución común.


Profesionalmente, nos enfrentamos a puntos de vista o intereses diferentes que nos hacen debatir ante diferentes situaciones. El problema surge en la manera en que lo hacemos. Discutir adecuadamente tiene arte y ciencia. Significa saber defender nuestro criterio y encontrar una solución común al tiempo que se cuida la relación. La eficacia de lo que decimos depende del nivel en que nos movemos en nuestras discusiones profesionales.


Para analizar la forma en la que discutimos podemos apoyarnos en el trabajo que realizó Paul Graham, un programador informático y ensayista que, en 2008, publicó la jerarquía de las discrepancias. Hagamos un recorrido por los niveles propuestos para identificarlos en nuestro día a día:



1. Refutar el punto central. Es el nivel más alto y difícil de encontrar. Los grandes negociadores son capaces de moverse cómodamente por él. No atacan a la persona, ni el tono. Buscan refutar la opinión del otro, pero apoyándose en razonamientos. Y lo que es más importante: son capaces de ir al punto central de la discusión y no andarse por las ramas, como se dice popularmente. Atendiendo a la conversación del nivel anterior, refutar el punto central sería: “No estoy de acuerdo con un bajo desempeño, ya que he conseguido los indicadores que definimos a principio de año”, que va más allá de si se ha llegado o no tarde al trabajo, que no es lo más importante.


2. Refutación. Es el segundo nivel en el que se identifican los argumentos con los que no se está de acuerdo, pero además se expresan los propios. Como es de imaginar, cada vez que se sube en la pirámide resulta menos frecuente de encontrar este nivel. En este punto nos apoyamos en ideas o en detalles de lo expuesto por la otra persona, pero no se aborda el argumento principal. Por ejemplo, en una discusión con un jefe que no está satisfecho con nuestro trabajo la contestación sería: “No estoy de acuerdo con lo de llegar tarde todos los días; ayer y hoy he sido puntual”. Es correcto, pero el problema de fondo es otro.


3. Contrargumento. Este grado se apoya en el anterior, pero añade alguna evidencia expresada por terceros. Es la primera fase de desacuerdo convincente que nos ayuda a ser más persuasivos, pero le falta la riqueza de la elaboración de la opinión propia. Por ejemplo: “No estoy de acuerdo contigo porque, como dijo Séneca…”.


4. Contradicción. En este estadio se aborda el contenido, en vez de la persona o el tono. Sin embargo, se apoya en generalizaciones o en datos con pocas evidencias. Por ejemplo, cuando decimos: “Todo el mundo sabe que esto se hace así”. En este apartado podemos caer en determinadas discusiones caseras que comienzan con palabras tan inquietantes como siempre, nunca… Ejemplos hay muchos: “Nunca entregas el trabajo” o “siempre llegas tarde”. Una vez más, no es un nivel que sirva para construir.


5. Respondiendo al tono. Este nivel resulta menos ofensivo que los anteriores, pero tampoco ayuda mucho. Se descarta el argumento por la manera en la que se ha expuesto sin tratar el fondo del asunto. “Es imposible estar de acuerdo con lo arrogante que ha sido”, por ejemplo. El tono no puede ser medido. Es posible que haya sonado desafortunado, pero desmontarlo por el tono tampoco ayuda a encontrar una solución común.


6. Ad Hominem o contra la persona. En este caso se intenta echar abajo un argumento por las características de quien lo expone, no por lo que dice. Como sostiene Graham, si un senador defiende la necesidad de subir los salarios a los políticos, la respuesta de este nivel sería: “Por supuesto que lo diría. Es un senador”. No entra en el fondo del tema. En este nivel habitan los sesgos inconscientes o etiquetas que ponemos a las personas: “Ya se sabe, lo ha dicho fulanito”.


7. Insulto. Es el nivel más bajo de cualquier discusión y, posiblemente, el más común en redes sociales. El anonimato de determinadas redes, como Twitter, hace que el insulto campe a sus anchas. En esta categoría se sitúan frases tipo como “menuda idiotez” o cualquier comentario despectivo. Solo sirve para enfadar al otro (a excepción de quienes lo utilizan como herramienta para ser populares o con intereses concretos en redes sociales).


(Fuente Pilar Jerico) #autodesarrollo #rrhh #rhactitud



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